Monday, March 30, 2009

¿Cómo funciona Nam-myoho-renge-kyo?

¿Cómo funciona Nam-myoho-renge-kyo?


La pregunta que inmediatamente surge es... “¿Cómo repitiendo una frase que apenas entiendo lo que significa, puede surtir algún efecto positivo o negativo en mi vida?” La analogía que frecuentemente se utiliza es comparar a Nam-myoho-renge-kyo a la leche. Un bebé es alimentado por la leche materna y, más tarde, por la de vaca, durante mucho tiempo antes de que él o ella comprenda que significa “leche”. Los beneficios nutricionales son intrínsecos a la leche. Para usar otro ejemplo, no necesitamos saber cómo funciona un automóvil para conducirlo y que nos lleve a cualquier parte. Si bien no nos haría mal aprender algo de mecánica, del mismo modo el estudio forma parte importante de nuestra práctica budista. Pero lo importante aquí es tomar conciencia de que la invocación de Nam-myoho-renge-kyo funciona, entendámosla o no, creamos en ella o no. De hecho, muchas personas comienzan a invocar Nam-myoho-renge-kyo con la expresa intención de demostrarle a quien le transmitió la Ley que ésta no funciona e, invariablemente, se ven sorprendidos cuando comprueban que sí funciona. Nam-myoho-renge-kyo funciona para todo el mundo, jóvenes o ancianos, ricos o pobres, escépticos o creyentes, ignorantes o sabios, africanos o asiáticos.

Según el budismo de Nichiren, Nam-myoho-renge-kyo es la ley del universo, y a través de invocarlo estamos revelando la ley en nuestras propias vidas, colocándonos en armonía o ritmo con el universo. La palabra “ley” es aquí utilizada en el sentido científico, tal como la ley de gravedad. Debido a que la ley de gravedad es una ley de a vida, nos afecta tanto si la comprendemos como si no. Si saltáramos del borde de un precipicio antes de 1666, cuando Isaac Newton formuló esta ley, igual sufriríamos las consecuencias de la gravedad. Nam-myoho-renge-kyo también es una ley de la vida, afirmó Nichiren; es más: es la ley de la vida. ¿Cómo es esto?

Para comenzar a comprender este punto, podría ser útil considerar a Nam-myoho-renge-kyo a la luz de la teoría de la relatividad de Einstein, expresada por la famosa ecuación E=mc2. Esto constituye el cimiento de nuestra actual visión del cosmos. Pero... ¿realmente lo entendemos? Sabemos que E simboliza energía y m es masa. La masa es multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado, o sea c2. A pesar de que gran parte de la gente puede tener una vaga noción de qué es lo que estos términos significan, todos estamos conscientes de que ellos representan conceptos de física y matemáticas que, si bien algo abstractos, se relacionan con las realidades de tiempo, espacio, energía y materia de nuestro mundo. La misma verdad es aplicable a cada uno de los caracteres de Nam-myoho-renge-kyo.

A pesar de que el significado de E=mc2 se nos escape, casi todo el mundo hoy en día admitiría la validez de la ecuación de Einstein debido a que ha sido demostrada innumerables veces en el mundo real. Al comienzo de su carrera, Einstein se vio ridiculizado e insultado. No fue sino hasta un eclipse total de sol ocurrido en 1919 cuando una expedición británica a la Isla Príncipe, frente a las costas del África Occidental, fue capaz de medir la desviación de la luz de las estrellas en concordancia con los principios de la relatividad general y así la teoría de Einstein había demostrado ser correcta. Desde entonces, sus teorías han sido aplicadas en el mundo físico: desde el tremendo poder de la fisión nuclear hasta el cálculo astronómico avanzado. El modelo del universo de Einstein es esencialmente correcto.

De manera similar, el budismo posee tanto una base teórica como científica. Nichiren reveló la ley de la vida, Nam-myoho-renge-kyo, transmitiéndosela a sus seguidores y futuras generaciones con una instrucción implícita: Aquí tienen la Ley; ahora compruébenla frente a las realidades de la vida y del universo. Vean si funciona siempre, bajo cualquier condición y circunstancia. Todos aquéllos que invoquen Nam-myoho-renge-kyo, por lo tanto, están llevando a cabo un experimento: determinar el poder y eficacia de esta ley dentro de sus propias vidas.

Pero, con el propósito de tener tal resultado... debemos simplemente invocar. Podemos leer y hablar acerca de budismo, pero, al final, no tendremos más que teoría. La diferencia entre el estudio puramente teórico y la práctica budista es comparable a la diferencia entre estudiar minería y hacerse rico. Nunca podremos conocer la verdadera profundidad de Nam-myoho-renge-kyo hasta que lo experimentemos de manera directa. Para usar otra analogía: es un poco como querer explicarle el sabor del helado de frutilla a un nativo de un remoto desierto que jamás haya probado ni las frutillas ni el helado. Podríamos decirle que es húmedo, que es frío, cremoso, dulce... pero una definición verbal jamás será sustituto de la experiencia real de tomar helado de frutilla. En el budismo, al igual que en la vida, no existe sustituto que reemplace a la experiencia directa.

Con esta advertencia en mente, intentemos ahora una definición de Nam-myoho-renge-kyo. Tal como vimos, esta “fórmula” está basada en el título del Sutra del Loto, el pináculo de las enseñanzas de Shakyamuni. El título está precedido por nam, proveniente de la palabra sánscrita namas (devocionarse uno mismo). Dentro del budismo, el título de un sutra posee gran significado. Tal como Nichiren escribió: “Incluido dentro de título, o daimoku, de Nam-myoho-renge-kyo se encuentra el sutra completo consistente en ocho volúmenes, treinta y ocho capítulos y 69.384 caracteres, sin que falte un sólo carácter.” Al igual que los símbolos de la teoría especial de la relatividad de Einstein, cada uno de los caracteres de Nam-myoho-renge-kyo remite a una profunda verdad de la vida. Su significado detallado, según Nichiren, es el siguiente: Entonces, ¿qué significa myo? Es, sencillamente, la naturaleza mística de nuestra vida, a cada momento, que el corazón es incapaz de captar y que las palabras no pueden expresar. Cuando usted contempla su ichinen en cualquier instante, no percibe ningún color ni forma que le permitan confirmar que existe. Sin embargo, tampoco puede decir que no existe, pues todo el tiempo siente irrumpir en su mente los pensamientos más diversos. Este ichinen es una realidad insondable, que trasciende las palabras y los conceptos de existencia y de no-existencia. No es existencia y tampoco es no-existencia, pero exhibe las cualidades de ambas; es la realidad de todas las cosas, la entidad esencial. Myo es el nombre que recibe esta entidad mística de la vida, y ho es el que reciben sus funciones. (“Sobre el logro de la Budeidad”)

Como él explica, myo literalmente significa “místico”, o más allá de toda descripción, la realidad última de la vida, mientras que ho significa “todo fenómeno”. Puestos juntos, myoho indica que todos los fenómenos de la vida constituyen la expresión de la Ley.

Nichiren también enumera tres significados respecto del carácter myo:

El primer significado es “abrir” en el sentido que permite a una persona desarrollar su pleno potencial como ser humano. Otro significado de myo es “revivir”. Cuando es pronunciado, la ley mística posee el poder de revitalizar nuestra vida. El tercer significado es “estar dotado”: la ley mística nos dota de la buena fortuna que protege nuestra felicidad.

En otros escritos, Nichiren describe a myo como significando la muerte y ho a la vida.

Renge significa literalmente “flor de loto”, por lo tanto, el título del “Sutra del Loto”. El loto posee una profunda simbología en la tradición budista. En la naturaleza, la planta de loto genera flor y fruto al mismo tiempo, simbolizando así la simultaneidad de causa y efecto.

Sabemos -gracias al estudio del método científico- que la causa y el efecto subyacen en todo fenómeno. Todo posee sus causas y sus efectos. El Buda comprendió esto hace más de 2500 años. Pero dentro el budismo, la causa y el efecto poseen implicancias más profundas que las que aplicamos comúnmente: creamos causas a través del pensamiento, la palabra y la acción. Con cada causa que hacemos, un efecto se registra simultáneamente en las profundidades de la vida, y él se manifiesta cuando encuentra las circunstancias y el medio ambiente adecuados. Otro simbolismo de la flor de loto es que ella florece en los estanques lodosos, significando nuestra budeidad inherente que se abre paso y florece del “lodo” de nuestros deseos y problemas de cada día. De manera similar, la sociedad se parece a un estanque lodoso del cual los Budas emergen. Así, no importa qué difíciles sean nuestras vidas, cuán tremendas nuestras circunstancias, la flor de la budeidad puede invariablemente florecer.

Kyo significa “sutra” o “enseñanza”. Pero también puede ser interpretado como “sonido”. El Buda tradicionalmente enseñó a través de la palabra hablada en una época en la cual la escritura era considerada poco confiable y susceptible de distorsión y tergiversación. Se dice que “la voz lleva a cabo la tarea del Buda”, y existe un innegable poder en la persona que invoca Nam-myoho-renge-kyo. Uno experimenta una firme determinación y una fuerte voluntad a medida que nuestra rítmica invocación se fusiona con el ritmo mismo del universo.

Tomada en su conjunto, entonces, la frase Nam-myoho-renge-kyo podría ser traducida como “Me devociono yo mismo a la ley mística de la causa y el efecto a través del sonido.” Pero es vital tomar conciencia de que uno no necesita (al menos no es un requisito) traducir esta frase al castellano o concentrarse constantemente en su significado con el propósito de obtener beneficios de su invocación. Más aún, cuando comenzamos a practicar, puede resultarnos difícil entender todo, pero lo importante es simplemente invocar con sinceridad por los propios objetivos. Así, con una mente abierta, veamos qué pasa.

Invocar daimoku difiere de la concepción tradicional occidental de rezar. En lugar de rogarle a una fuerza externa para que nos solucione la vida, el budista moviliza sus propios recursos personales para enfrentar sus problemas. Podríamos comparar al invocar con bombear agua de un pozo: el de la budeidad que se encuentra en las profundidades de nuestra vida. Cuando uno invoca, un juramento o una determinación se toma forma. En lugar de “Deseo que esto y esto ocurra”, o bien “Señor, dame la fuerza para hacer que esto y esto ocurra”, la oración budista se parece más a “Haré que esto y esto otro ocurra” o “Me comprometo a hacer los siguientes cambios en mi vida de manera que esto y esto otro ocurra.” 

2 comments:

  1. No hay comentarios porque una verdad, explicada y entendida, no hay que explicar.

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