Wednesday, July 8, 2009

LO IMPORTANTE ES EL CORAZON

En el Gosho “Una respuesta a Shijo Kingo”: Nichiren Daishonin manifiesta: “La fe es lo único que en realidad importa”.1 Para la fe lo primordial es la postura del ichinen (decisión). No debemos olvidar que obtener o no beneficios, tener o no una rebosante fuerza vital, poder o no transformar nuestra vida, no depende de nadie, sino de nuestra fe, de la postura de nuestro ichinen.

Nichiren Daishonin afirma: “Que su deseo se cumpla o no sólo depende de su fe. El hecho de que no se concrete no depende de Nichiren”.2 Los resultados en la práctica de este Budismo no radican solo en el hecho de practicar la fe, ya que la firmeza o debilidad de nuestra decisión, son fundamentales.

El Presidente Ikeda ha expresado: “Por más que uno invoque un millón de Daimoku, si abriga dudas o lo hace por pura formalidad, no elevará su estado de vida. En cambio, si determina por sí mismo y entona Daimoku con un objetivo, sin falta, las circunstancias de su vida se transformarán”.

Respecto de la postura del ichinen, también el presidente de la SGI expresó: “La fe es lo que nos permite tomar las cosas con alegría y con la fuerte convicción de que, pase lo que pase, las cosas serán para mejor, para nuestro bien y nos permitirán transformar el veneno en medicina. Esa manera de tomar las cosas, ese sutil cambio en la dirección del ichinen, del corazón, influirán enormemente en la dicha o en la propia desdicha de uno. Y ya que, de todos modos, la vida debe transcurrir, seremos más felices tomando las cosas en sentido positivo y con alegría. Ese fuerte jovial ichinen es lo que nos permite concretar, de manera más rápida, la transformación de nuestro destino”.

Los beneficios de realizar el gonguio, el Daimoku y las actividades se manifestarán de manera diferente, según el ichinen de cada persona.

Tomemos como ejemplo el conducir un automóvil: si uno coloca la palanca de cambios en primera, el automóvil avanzará; pero si ésta queda en (neutro) punto muerto, por más que uno pise el acelerador, el motor se pondrá en marcha, pero el auto no se moverá. A su vez, cuando por equivocación, uno coloca la marcha atrás y pisa el acelerador, el auto retrocederá, y es posible que pudiéramos provocar un accidente. La práctica de la fe funciona similarmente a este ejemplo. Si uno piensa que las cosas vendrán de afuera, los esfuerzos serán en vano.

Entonces, ¿qué vamos a hacer de ahora en adelante, con miras al futuro? Cuando asumamos decisiones y establezcamos objetivos concretos, con un ichinen positivo, sin falta podremos avanzar, desarrollarnos y obtener grandes beneficios.

Por otro lado, si nuestra fe ha caído en la inercia y pensamos: “ya algo saldrá” o “algún resultado tendré”, o, peor aún, si nuestra práctica se ha vuelto “mecánica” y la realizamos por compromiso, aunque nos esforcemos, no obtendremos resultados, ya que nuestro corazón, nuestra decisión, en otras palabras, nuestra motivación interna ha bajado los brazos (se ha dejado vencer) y por lo tanto, no puede producir ninguna transformación.

Así, comenzaremos a sentir que todo es un peso y terminaremos dudando de nuestra fe y del Gojonzon. Por eso, en la práctica de la fe es importante mantener un ichinen fuerte y positivo. Es cierto que nadie puede medir la fe de nadie, sin embargo si uno pudiera “medir” la intensidad de su fe debería reflexionar sobre dos aspectos: su alegría de practicar y su agradecimiento al Gojonzon por todo lo que hemos obtenido de la práctica, sin importar lo positivo y lo negativo, debido a que en el análisis final todo es positivo ya que aún los sufrimientos y las dificultades nos permiten transformar nuestro karma y convertir la adversidad en fuente de avance y desarrollo para nuestra vida a través de nuestra propia revolución humana.

Existen situaciones como cuando uno está sufriendo y se halla en un callejón sin salida; muchas veces se debe a que uno está buscando las soluciones afuera o está practicando con la duda de que nada va a cambiar. Esto es la acción de las funciones negativas en nuestra vida. Por ello, al transformar nuestra postura, nuestra actitud, en un sentido positivo, comienza el avance, comenzamos a ver los resultados.

Si uno tiene la constancia de reconfirmar los objetivos en forma concreta y clara, y se plantea seriamente: “¿qué cosa quiero lograr?”, “¿cuándo quiero lograrlo?” y “¿cómo lo voy a concretar?”, sin falta llegaremos a la meta fijada.

El presidente Ikeda siempre nos alienta: “La Ley Mística lo transforma todo; los resultados negativos se tornan positivos; éste es el principio místico que convierte el 'veneno en medicina' .No es necesario preocuparse por su vida pasada ni por el karma. Desde la situación actual, lo importante es tomarlo todo en forma positiva y vivir basados en una fe firme. La verdadera postura de la fe es aquella del que se levanta más allá de su karma pasado y erige una sólida existencia victoriosa. Por más que uno teorice sobre su karma, es necesario que sepan que es millones de veces más valioso orar con coraje al Gojonzon, que posee un gran poder benéfico”.

Por lo tanto, resignarse ante un gran sufrimiento y lamentarse diciendo “es que mi karma es muy pesado”, o darse por vencido y pensar: “qué le vamos a hacer”, así jamás podremos transformar nuestro destino. No importa el pasado, lo esencial es qué vamos a hacer a partir de ahora. Vivamos con firmeza, de manera positiva y con convicción en el futuro.

Recordemos que la base de todo reside en nuestra práctica diaria, en nuestros esfuerzos por hablar con las demás personas sobre el Budismo del Daishonin. Y hablando sobre nuestra práctica diaria en la Nueva Revolución Humana, el Presidente Ikeda dice:

“Tanto en el Judo como en el Kendo, dos artes marciales muy conocidas; existen sus fundamentos respectivamente. El fundamento de nuestra práctica de la fe para ser feliz, está en la práctica del Gonguio. Similarmente, ya sea que a corto plazo no sea posible distinguir la diferencia que existe entre una persona que hace el Gonguio y Daimoku diario con sinceridad y otra persona que realiza esta práctica superficialmente, después de tres, cinco o siete años se percibirá notablemente una gran diferencia entre ellas. De la misma forma con relación a la transformación del karma o también nuestra revolución humana, la fuente de todo está solamente en el Gonguio y el Daimoku. Es por esa razón que Nichiren Daishonin dice: “Fortalezca fuertemente su práctica de la fe puliendo su espejo incesantemente día y noche. ¿Cómo pulirlo? No existe otro modo que dedicarse a la práctica de Nam Miojo Rengue Kio”. 3 Aún más, la actitud de una persona al realizar su Gonguio refleja su modo de vida. Aquel que realiza su Gonguio sin ninguna vibración, pose una energía vital debilitada. La persona que realiza su Gonguio como una obligación tiene dificultad para obtener la alegría de la práctica de la fe. Hagamos todos un gonguio refrescante desbordante de armonía y ritmo envolvente tal cual un corcel blanco que galopa por el firmamento. De esta forma con una oración determinante vamos a proponernos y a la vez desafiarnos en la realización diaria de un vigoroso Gonguio capaz de movilizar al gran Universo”.

Saturday, May 2, 2009

El poder de responsabilizarse

El poder de responsabilizarse
 
   Nuestro entorno refleja la verdad de nuestras vidas ( y lo hace), entonces, ¿es todo nuestra culpa?¿No es sencillamente 
culpar a la victima? 
   Es natural tener problemas. Estar vivo es hacer frente a los problemas: el problema de alimentarnos, sentir hambre, el problema de estar seguros en una sociedad violenta, el problema de educar niños para que sean felices y se den cuenta
y tantos, tantos más. Estos problemas no son culpa nuestra, sencillamente forman parte de lo que significa estar vivo.
   Asimismo, aunque no somos responsables en el comportamiento de los demás, debemos ser responsables de nuestro     propio comportamiento. Esto supone aceptar la responsabilidad de encontrarnos en las circunstancias en las que nos hallamos, por muy difíciles y arbitrarias que estas sean.
   Tal vez no comprendamos bien al principio por que somos pobres,o terriblemente tímidos. Sin embargo, cuando lo vemos   desde la perspectiva de la eternidad de la vida y la infinidad de causas buenas y malas que hemos provocado a través de numerosas existencias , nos damos cuenta de que en su momento creamos las causas para estar donde estamos y ser quienes somos en esta vida, somos responsables de todo cuanto nos ocurre.
    Somos arquitectos de nuestra existencia, nuestro entorno refleja en detalle lo que hemos construido. El Budismo capacita al individuo para provocar el cambio. La visión budista de la vida nos pide que aceptemos nuestra responsabilidad total.
    Es difícil imaginar que uno sea responzable de tener un jefe arrogante, de un terremoto en el lugar donde vivimos, o de un accidente de avión, pero somos responsables de nuestras decisiones y elecciones, y si decidimos quedarnos en un trabajo que no nos satisface, establecernos en una zona sin conocer su historia sismica o de tomar determinado vuelo, es nuestra elección,  y por lo tanto nuestra responsabilidad.
    Según el Budismo en la vida no hay accidentes ni casualidades, solo existe la ley férrea de causa y efecto, o mejor dicho, NAM  MYOJO RENGUE KYO. Cuando interiorizamos esta ley en nuestras vidas, comenzamos a adquirir gran poder sobre nosotros mismos y sobre nuestra relación con el mundo exterior.
   Ahora, ¿cómo lo reflejamos en nuestra vida diaria?  El "pensamiento correcto"  sin una práctica diligente, se convierte en idealismo. Afortunadamente, aunque la teoría que hay detrás de NAM MYOJO RENGUE KIO  es profunda, la práctica es sencilla, independientemende de que sepamos o no el significado de NAM MYOJO RENGUE KIO podemos conseguir grandes beneficios invocando esta simple frase.
   La finalidad de la practica no es comprender la verdad como objeto externo, sino convertirnos en parte de esa verdad, esto de denomina fusión de la realidad (objeto) y la sabiduría (sujeto ), la sabiduría budista pretende trascender la barrera de sujeto-objeto y darse cuenta de la unidad perfecta que hay entre uno mismo y la realidad exterior. En relación a este  principio Nichiren escribió:
                                            "¿no significa el sutra y su comentario que el camino hacia la
budeidad se basa en los dos elementos de la relidad y la sabiduría?
Realidad significa la verdadera naturaleza de todos los fenómenos,y
sabiduría significa la iluminación y la manifestación de nuestra verdadera naturaleza.
Así pues, cuando el cauce de la realidad es infinitamente ancho y profundo,
el agua de la sabiduría fluye sin cesar.
Cuando esta realidad y esta sabiduría se funden, uno alcanza la budeidad."
 
   El Buda se da cuenta de la identidad  perfecta de uno mismo y la Ley. Y despúes de todo, ¿no somos todos Budas? El hecho de que todos tengamos una naturaleza de Buda inherente, no significa que seamos Budas en sí, solo descubrimos esta naturaleza cuando nuestra sabiduría subjetiva se funde con nuestra realidad objetiva. Para hacer esto posible Nichiren  corporificó su propia iluminación en un objeto de devoción denominado GOHONZON, hoy en día, el GOHONZON es el objeto mientras que nuestra práctica corresponde al sujeto( o sabiduría subjetiva). Cuando cantamos daimoku al Gohonzon, la dicotomía sujeto-objeto se disuelve, permitiendonos fundirnos con el macrocosmos. Esto se logra con nuestra práctica diaria, nos entregamos, y como resultado a nuestros esfuerzos, sacamos una sabiduría infinita, que funciona de acuerdo a nuestras circunstancias cambiantes, esta sabiduría es mediante la cual los seres humanos experimentamos una felicidad y una libertad ilimitadas a pesar de las incertidumbres de nuestras vidas.
   Una vez que hayas invocado la Ley Mística, es posible que la gente capte tu atención de un modo diferente, lo complejo parecerá sencillo,  descubrirás que detrás del comportamiento arbitrario de tu jefe, se esconde una persona insegura que trata de agradar a todos, en casa los inconvenientes emocionales también cambiarán. Todas estás percepciones nuevas y sutiles son el resultado de contemplar el mundo con los ojes de la sabiduría. El abismo que existía entre realidad y sabiduría se cierra.
   Ahora bien, como dijimos no somos responsables de las decisiones de otras personas, pero nuestras vidas son inseparables de la vida del universo, estamos conectados con los demás en la tierra, debemos hacernos responsables de la felicidad de las personas que amamos, de nuestros amigos, esto da lugar a lo que en budismo se denomina El Camino del Bodhisatva, bodhisatva es aquel que se esfuerza por iluminarse al mismo tiempo que ayuda a los demás a conseguir el mismo objetivo. Los esfuerzos realizados por el bien de los demás, contribuyen más a ayudar a limpiar el propio karma que los esfuerzos realizados únicamente para transformarse a si mismo. La práctica por los demás puede incluir dar apoyo moral y emocional, infundir esperanzas, compartir las propias experiencias y ayudar a los demás a practicar el budismo. Si, la práctica es individualista, pero si nuestros esfuerzos están centrados solo en nuestra mejora personal,  la verdad alcanzada sera solo parcial.
"Toda la felicidad del mundo procede de pensar en los demás;
todos los sufrimientos del mundo proceden de pensar sólo en uno mismo"
 
   Al preocuparnos por los problemas de los demás, nuestros propios problemas se ven mermados, porque nos damos cuenta que hay personas con obstáculos mas graves que los nuestros, porque nuestras propias dificultades dejan de dominarnos cuando dejamos de pensar en ellas.
   Se dice que una gota de tinta en un vaso de agua, teñirá el agua, pero en el océano se desvanecerá por completo, de la misma manera, si nos sumergimos en la lucha de otras personas, adquirimos sabiduría y fuerza vital para superar nuestros propios problemas. Cuando invocamos NAM MYOJO RENGUE KIO, y llegamos a otros, podemos buscar nuestra naturaleza de Buda y superar nuestra naturaleza engañada.
   Si se extienden los ideales humanisticos del budismos, la sociedad se volverá mas humana en todos los aspectos, el cambio autentico y duradero depende de que saquemos la naturaleza iluminada de muchísimos individuos, asi podremos, de un modo eficaz, conseguir la paz y la armonía en el mundo.

Tuesday, April 7, 2009

Budismo y Cristianismo


Por Greg Martin, Asesor Principal del Dept. de Estudio de SGI-USA (Tomado de Living Buddhism, febrero 2004, págs. 4 – 8) Enviado por Ariel Ricci (Brasil) Esta entrega comienza una nueva serie que enfocará en aclarar dudas frecuentes que surgen entre quienes propagan el Budismo Nichiren en occidente. Durante mucho tiempo, los miembros han buscado asistencia para contestar preguntas sobre la visión budista sobre Dios, Jesús, Satanás, el cielo, etc. Durante los próximos meses, enfocaremos en ofrecerles contestaciones directas. Al examinar desde la perspectiva budista palabras y significados fundamentales de la fe cristiana, esperamos que esta serie ayude a los miembros de la SGI a mejor transmitir el Budismo Nichiren a sus familiares y amistades cristianas. Esperamos también ayudar a los miembros con antecedentes culturales cristianos a comprender mejor el Budismo Nichiren, las similitudes y diferencias de este Budismo con el Cristianismo, e igualmente esperamos que el resultado sea un mejoramiento en la eficacia de la práctica budista. Además, deseamos tender puentes que ayuden a cristianos y no-miembros en general a comprender mejor y relacionarse amistosamente con el Budismo, y quizás para algunos facilitarles la transición hacia la práctica de Budismo. Sin embargo, antes de comenzar, quisiera brindar algunas explicaciones para dejar claro el contexto de nuestro examen. Primero, enfocaremos en lo que creemos son principios del Cristianismo generalmente aceptados, sin dejar de reconocer que dentro de la fe cristiana existe una gran diversidad de entendimientos. Dentro del alcance de esta serie, sería imposible examinar a plenitud todas las variaciones de la doctrina cristiana. Solicitamos la indulgencia del lector o lectora por las inevitables generalizaciones en cuanto a conceptos que obligatoriamente nuestro enfoque tiene que adoptar. Segundo, nuestra intención tampoco es asumir un enfoque de refutación ante el Cristianismo. No vemos la necesidad, ni el valor en tratar de socavar una tradición religiosa que tiene aceptación amplia y es de valor palpable. Al mismo tiempo, no podemos evitar la evidencia histórica de los aspectos menos nobles de esta tradición, aspectos que han dado lugar a la propagación violenta y la Inquisición, así como el uso de esta tradición como herramienta de colonización y subyugación. Finalmente, no asumimos una posición exclusivista – aquella de que el Budismo Nichiren es el único vehículo capaz de llevar a sus seguidores y seguidoras a los pináculos de la verdad y las costas de la felicidad. Mientras que ciertamente creemos que existe una única realidad máxima, reconocemos que las principales tradiciones religiosas, desde distintos niveles, también buscan y entienden esta verdad. Y lo que es más, la mayoría de las tradiciones religiosas comparten con el Budismo Nichiren la intención de llevar a los practicantes hacia esta verdad y hacia alcanzar la meta de lograr el desarrollo humano, así como establecer una comunidad armoniosa. Así que, mientras que no reclamamos ser los únicos poseedores de la verdad (de todos modos, ¿quién la puede poseer?), lo que más nos concierne es el grado en que la tradición religiosa pueda cumplir con lo que promete. En la realidad, ¿cuántas personas pueden trascender sus tendencias más oscuras y vivir según las doctrinas de lo que creen, para así convertirse en personas de carácter genuinamente digno, con intenciones sabias, y comportamiento compasivo? ¿Sirve una práctica religiosa en particular como vehículo mayor o como uno menor en ruta hacia lograr estas metas? Desde hace mucho tiempo, los budistas hemos discutido este punto con el uso de analogías tales como la de una balsa para cruzar el mar del sufrimiento, o como el de un vehículo para hacer el viaje hacia la iluminación. Por ejemplo, en vez de rechazar como falsas las enseñanzas de los ancianos en la fe, los Budistas del Majayana caracterizaban las prácticas de esos ancianos como las de “vehículo menor” que sólo podía llevar a unos pocos – monjes y monjas de mucha dedicación – hacia alcanzar la meta de la iluminación. En contraste, con el enfoque en desarrollar prácticas para monásticos, laicos y laicas, e igualmente con la intención de incluir a toda la gente en el viaje, la designación de “vehículo mayor”, o Majayana, se aplicó a las prácticas y enseñanzas posteriores. En este contexto, todas las religiones principales son vehículos; algunos malos, algunos buenos, y algunos mejores que los demás, pero vehículos al fin. Nosotros también creemos que no existe vehículo mayor que el Budismo de Nichiren Daishonin, el vehículo capaz de incluir en ese viaje a toda la gente, y no sólo a unos pocos. Para la mayoría de quienes aún no están familiarizados con el Budismo, la idea de que el viaje hacia la iluminación es algo que sólo unos pocos pueden hacer y que está reservado para santos y sabios se ha convertido en una creencia ampliamente aceptada. Esto sugiere que para la mayoría de la gente, la existencia misma de un gran vehículo para alcanzar la Budeidad y la felicidad absoluta es un concepto ajeno que no forma parte de la experiencia religiosa cotidiana. Sin embargo, actualmente en el Budismo Nichiren el vehículo para hacer este viaje está disponible para toda la gente, sin importar género sexual, raza, condición social, nivel educativo o económico, preferencia sexual, ni edad. Y así, con esto como telón de fondo, comencemos con examinar nuestra primera interrogante. ¿Creen en Dios los budistas Nichiren? Cómo conceptualicemos a Dios tiene gran peso en la contestación a esta pregunta. Una encuesta informa que el 99 por cien de los estadounidenses alega creer en Dios. Sin embargo, no obstante la amplitud de la religiosidad en los EEUU, la ascendente tasa de criminalidad, rampante adicción a narcóticos, epidemia de aflicciones mentales, y el reavivamiento de la pena capital - para sólo enumerar algunos síntomas - no son signos de una sociedad espiritualmente saludable. Por otra parte, los europeos reportan un creciente vacío - un hueco con forma de dios – dónde una vez en la conciencia humana existió Dios. Algo que también parece estar claro es que la concepción de Dios no es algo uniforme. Hay tantas versiones de Dios como gente que cree esas versiones, ya que el concepto de Dios nunca ha sido algo estático. Tal y como escribe Karen Armstrong en A History of God (Una historia de Dios): “Sin embargo, tal parece que crear dioses es algo que los seres humanos siempre han hecho. Cuando una idea de dios deja de funcionar, sencillamente se reemplaza. Estas ideas desaparecen tranquilamente y sin grandes fanfarrias, tal y como ocurrió con la idea del Dios del Firmamento. En nuestros tiempos actuales, mucha gente diría que el Dios adorado durante siglos por judíos, cristianos y musulmanes se ha tornado tan remoto como el Dios del Firmamento." Armstrong concluye como sigue: “Los seres humanos no pueden resistir el vacío y la desolación, y llenarán ese vacío con la creación de un nuevo foco para dar sentido a las cosas. Los ídolos del fundamentalismo no son buenos sustitutos para Dios. Si hemos de crear una vibrante nueva fe para el siglo 21, quizás deberíamos ponderar la historia de Dios para extraer algunas lecciones y alertas. Cuando a los budistas se nos pregunta si creemos en Dios, tendemos a contestar con nuestra propia pregunta: ¿A cuál Dios te refieres? ¿Se trata del Dios de Abraham, el Dios del Viejo Testamento? Este dios era un padre estricto, creador, protector y castigador, otorgador de leyes. Este dios también requirió a Abraham que sacrificara a su hijo, Isaac, y autorizó la conquista y matanza de miles de personas. ¿Se trata del Dios de Agustín, el Dios de la Iglesia Cristiana primitiva? Éste era el dios de la iglesia poderosa, heredera de los remanentes del imperio romano. Este Dios juzgaba a toda la humanidad, basado en el pecado original de Adán. La religión basada en este dios requiere que nos consideremos como fundamentalmente faltos y originalmente pecaminosos. ¿Se trata del Dios de Miguel Ángel, un dios personal, tal y como aparece pintado en el techado de la Capilla Sistina? Este concepto de Dios ayudó a desarrollar el humanismo liberal tan altamente valorado en Occidente. Se ajustó bien a una Europa que despertaba y se expandía. Este dios ama, juzga, castiga, ve, oye, crea y destruye, tal y como lo hacemos nosotros. Este dios inspira. Sin embargo, esto también podría significar un impedimento si presumimos que este dios quiere lo que nosotros queremos, y detesta lo que nosotros detestamos, lo que validaría nuestros prejuicios, en vez de alentarnos a trascenderlos. El hecho de que este Dios “personal” es varón (y usualmente de la raza blanca) ha creado profundos problemas existenciales tanto para las mujeres, como para quienes no sean de raza blanca. ¿Se trata del Dios omnipotente que algunos teólogos creen murió en Auschwitz? Para algunos y algunas, la idea de un Dios todo sapiente y todo poderoso es difícil de reconciliar con la maldad del Holocausto. Esto es así, ya que si Dios es verdaderamente omnipotente, éste pudo haber evitado esa desgracia. Y si no pudo evitarla, es impotente; y si la pudo evitar, pero optó por no hacerlo, no es compasivo. Igualmente, nuestro rápidamente expansivo conocimiento científico sobre el universo hace aparente que Dios ya no está “allá arriba”, ni “allá afuera”. En los cielos parece estar ausente la protectora, enjuiciadora, y cuidadora presencia divina, tal y como la concebía el mundo antiguo. Según John Shelby Spong, obispo episcopal y autor de Why Christianity Must Change or Die (Por qué el Cristianismo tiene que cambiar, o si no, perece), el resultado de esto es que decenas de millones de personas son “creyentes en el exilio” que han perdido contacto con estas imágenes de Dios, tal y como se enseñan desde los púlpitos tradicionales; sin embargo, esos mismos creyentes no están preparados para abandonar el concepto de Dios en su totalidad. Tal y como una serpiente muda la piel en el proceso de crecimiento, al presente ¿somos testigos del crecimiento de nuestra concepción colectiva de Dios, al dejar atrás la antigua, y para algunos, inadecuada noción que teníamos, mientras nace una nueva concepción que aún no está clara? Hay quien cree que, de hecho, en esta era pos-moderna una nueva visión de Dios está en proceso de emerger. Esta visión deja atrás las imágenes del teísta, histórico y externo Dios de las alturas, y las reemplaza con imágenes con profundidad interna de un dios que no está afuera, sino que es parte integral y fundamental de nosotros. Ésta es una perspectiva muy consistente con el concepto budista de la Ley Mística. Esta Ley Mística es la entidad o verdad máxima que impregna a todos los fenómenos en el universo, y no es un ser personificado. El ser humano y esta Ley máxima son supremamente inseparables – no existe brecha alguna entre los seres humanos (todos, sin excepción) y esta idea de Dios como una Ley Mística. Esta verdad eterna e inalterable que reside dentro de nosotros es la fuente dónde podemos obtener la sabiduría compasiva que concuerde con las circunstancias cambiantes, así como lograr la valentía y confianza para vivir de acuerdo a esa sabiduría. Es mística, y no mágica, ya que la totalidad de esta Ley está más allá de la concepción humana, y los esfuerzos por encajonarla en forma humana, por decir algo, tan sólo la restringe y la limita. Es una ley porque es manifiestamente verificable en las vidas cotidianas de cada ser humano individual. Esta realidad máxima, verdad máxima, pureza máxima, existe en las profundidades de cada ser humano. Por esto los budistas consideramos que toda persona es sagrada y está igualmente dotada con el potencial de alcanzar la iluminación y ser maravillosamente feliz. No hay tal cosa como nosotros acá y ellos allá, ni tampoco están los fieles y los impíos – todos somos hijos e hijas de Dios, entidades de la Ley Mística. Cuando otros miraron hacia los cielos, Buda miró hacia adentro y encontró la inestimable joya de la maravilla y el potencial humano. Reconoció que nosotros también estamos hechos de la “materia prima” divina de la que está hecho el universo. Sencillamente, olvidamos quiénes éramos. Así que, ¿creemos en Dios? Según la mayoría de las definiciones tradicionales, no. Pero en términos de cómo un creciente número de cristianos conceptualizan a Dios, sí creemos. Nuestro nombre para Dios es Nam-miojo-rengue-quió, la Ley Mística. Creemos que existe tanto “aquí dentro”, como “allá afuera”, y que esta luz interior puede brillar desde adentro cuando nos concienciamos de ella y le abrimos nuestro corazón por vía del acto de invocar Nam-miojo-rengue-quió. Ciertamente, habrá mucha gente para quien esta manera de comprender a Dios será inaceptable. Está bien. Pero también habrá muchos – y según un estudio esta cifra alcanza tanto como 25 por cien de todos los adultos en los EE UU – para quienes esto resonará. Gente que encontrará que realmente dejó de aceptar las versiones iniciales de Dios; que han comenzado a concebir el universo de forma diferente; y que el concepto de Dios como Ley Mística se equipara con el entendimiento que han alcanzado por cuenta propia. Descubrirán, tal y como lo pueden atestiguar la mayoría de los miembros de SGI-USA, que de manera muy precisa, en nuestro ser espiritual la Ley Mística puede llenar el hueco con forma de dios.

¿Cuál es el rol que juega la fe dentro de nuestra práctica budista?

La fe y la oración son usinas que ponen en marcha nuestro esfuerzo. Pero el esfuerzo es algo que nosotros mismos debemos hacer. Para cobrar el sueldo, uno primero tiene que trabajar. Del mismo modo, dentro de esta filosofía, las oraciones se concretan en la misma medida en que uno se esfuerza por hacer feliz a todas las personas, que es el deseo del Buda. El Gohonzon, la Ley Mística, no tiene ninguna «obligación» de responder nuestras oraciones, porque no nos ha «pedido» que hagamos daimoku frente a él. Somos nosotros los que determinamos merecer el privilegio de orar al Gohonzon. Si sentimos gratitud por esta fortuna, nuestras oraciones se concretarán mucho más rápidamente. La fe es el secreto del desarrollo personal ilimitado. La fe es el principio más elemental del crecimiento, es poseer sólidas convicciones y un profundo enfoque hacia la vida. Religión es aquello que busca enseñar los fundamentos sobre la vida y el universo. Sólo el hombre tiene capacidad de orar, acto de profunda solemnidad y de carácter sublime.
Las personas instintivamente ansían protección para sí mismos y para sus seres queridos. Cuando este deseo se concentra con intensidad extraordinaria, se convierte en una oración. No a nivel lógico ni intelectual, la oración trasciende ambos planos. No es que la oración surgió a raíz de la religión, sino a la inversa.
Hacer daimoku al Gohonzon, fusiona directamente todas nuestras oraciones diversas con la realidad, basadas en la ley universal de la vida.
El gongyo es una actividad diaria en la cual preparamos nuestra mente y nuestro corazón. Es poner en marcha el «motor». La fuerza de nuestra «usina» afecta drásticamente los resultados que obtenemos en el curso de la vida. La diferencia puede ser increíble.

RESIGNARNOS O MANIFESTAR NUESTRA BENEVOLENCIA?

En la expresión "manifestar su benevolencia hacia los otros", los "otros" designa a los seres humanos en totalidad. Y en "Nacidos en una época confusa", nos preguntamos: por qué hemos nacido en esta vida con tantas dificultades y sufrimientos? Para llegar a ser discípulos de Nichiren, el Buda fundamental, y, al mismo tiempo creer en la ley de Nam myoho renge kio, practicarla y transmitirla en el mundo entero. Todas éstas son acciones de nuestro juramento.
Desde este punto de vista, estamos obligados a hacer frente a diferente tipo de problemas y a veces a grandes dificultades que son la manifestación del Karma que voluntariamente hemos elegido.
Y eso significa que por esta razón debamos resignarnos hasta el último día de nuestra vida?
Ciertamente no. Practicando sinceramente, participando en las actividades de la organización obtenemos una gran alegría y podemos de modo cierto, mostrar la preuba de la resolución de todos nuestros problemas.
Pero, sin embargo, estamos tan aferrados y acostumbrados a nuestra condición presente, como personas comunes, que el sufrimiento y la queja nos hacen olvidar nuestra verdadera entidad. Entonces, no podemos resolver nuestros problemas ni escapar a nuestra realidad. Pero, si pensamos: Yo decido remontar mis dificultades actuales para demostrar la enseñanza del Buda y transmitirla a otros", el coraje de avanzar, surge.
No ser más llevados por nuestro karma
Un día, un médico le anunció a una joven de la Soka Gakkai que tenía un principio de cáncer. Ella se preguntó entonces: por qué a mi?. Desesperanzada, siguió: Por qué una enfermedad tan terrible si estoy practicando? Incontables dudas aparecieron de golpe. Luego, reflexionando sobre su actitud y recitando daimoku muy sinceramente, pensó: "Si tengo una misión, tengo que curarme".
En un primer momento, y gracias a una intervención quirúrgica, su mal fue curado. Pero más tarde, la enfermedad reapareció. Su corazón fue azotado por olas de profundo sufrimiento. Entonces, recitando daimoku ella encontró su verdadera creencia, venció la enfermedad y retomó su lugar en la sociedad.
Actualmente, con su salud recuperada, entrena a un gran número de jóvenes y las alienta con todo su corazón. Las jóvenes aprecian mucho su dulzura, su gentileza y su sólido carácter.
Con una actitud de vida tal, podemos obtener una felicidad absoluta y actuar de modo de no ser jamás dirigidos por nuestro karma. •

¿Cuál es el significado de veneración dentro del budismo deNichiren Daishonin?

Literalmente, honzon es «objeto de respeto fundamental». Go es un prefijo honorífico.
El hon de honzon connota la verdadera base de la vida y del universo; mientras que zon connota veneración y reverencia hacia dicha base.
Hay toda clase de objetos en los cuales recae devoción de las personas; en ciertas religiones, se venera a determinados animales, como caballos o serpientes. Sin embargo, Nichiren Daishonin dijo: «Todas estas escuelas se equivocan de raíz en lo que respecta al verdadero objeto de veneración
Por ende, si uno abraza como objeto de respeto fundamental algo que no constituye la base del universo, todo saldrá de su cauce normal y degenerará en una situación de desorden. Por ejemplo, hay personas que depositan su respeto fundamental en cosas como el dinero, los medios de comunicación, la ciencia y la tecnología, o los títulos universitarios. Otros dejan que su vida gire en torno a sus padres o a su pareja. El Budismo de Nichiren Daishonin toma como objeto de veneración fundamental el estado de vida de la Budeidad, la esencia eterna de la vida. No es algo abstracto, pues se trata de nuestra propia vida. El Gohonzon reside en nuestro interior.
No hay práctica más sencilla que hacer el gongyo y el daimoku. No tenemos extrañas austeridades, podemos tomar contacto con el estado de Buda a través de una forma de practicar extremadamente sencilla. Como nuestra práctica budista transcurre en medio de la vida cotidiana, es fácil caer en la inercia y descuidarla. En ese sentido y por la continuidad, tal vez no haya práctica más difícil.
En el Budismo de Nichiren Daishonin, la Ley fundamental del universo es lo que se venera como objeto de respeto supremo. Esta Ley es, también, la esencia de nuestra propia vida.
Esto tal vez sea un poco difícil de entender, pero cuando oramos al objeto de respeto fundamental -el Gohonzon-, comienza a funcionar el principio budista de la «fusión entre la realidad y la sabiduría». La «realidad objetiva» del Gohonzon y la «sabiduría» de nuestra mente se fusionan en el nivel más profundo y esencial. En otras palabras, en la oración se fusiona nuestra vida con la Ley suprema del universo.
Pensémoslo como los engranajes de un mecanismo de transmisión. Cuando un pequeño diente se encaja entre los de otro engranaje más grande, puede desplegar una tremenda fuerza que, de otro modo, estaría totalmente fuera de su capacidad. Del mismo modo, cuando sincronizamos el microcosmos de nuestra vida con el macrocosmos de la vida universal, podemos tomar contacto con una fuerza ilimitada que nos permite superar cualquier problema. Todas las deidades budistas -funciones protectoras del universo-, todos los budas y bodhisattvas de las diez direcciones se activan para que nuestros anhelos se traduzcan en un resultado positivo.
Nam-myoho-renge-kyo es el sonido del gran ritmo universal, la usina de todas las actividades del universo. También es el corazón y la esencia del cosmos.


2) ¿Qué hay con respecto a los que dicen que no quieren orar a un pedazo de papel impreso, porque un papel no puede tener el poder de resolver nuestros problemas?

Nuestro Gohonzon puede estar impreso, pero así y todo conserva su poder inherente. Un billete de 10 dólares está impreso, al igual que un diploma que certifica nuestro título profesional o que los documentos oficiales donde se nombra a los ministros del gabinete. Todos los documentos importantes están impresos, y cada uno de ellos conserva su poder específico.
El papel es una sustancia física, pero las palabras escritas en él son el espíritu y la esencia de Nichiren Daishonin. El Buda original del Último Día de la Ley inscribió, en la tinta del Gohonzon, su propia vida.

Yo, Nichiren, diluí mi vida y en ella impregné la tinta sumi con la cual inscribí este Gohonzon. Por eso, crea en él con todo su corazón.

El principio budista de la inseparabilidad entre la mente y el cuerpo nos enseña que lo físico y lo espiritual son una misma cosa. La vida se encuentra en la unión de ambos términos. El Gohonzon corporifica la vida del Buda. Cuando invocamos al Gohonzon, no estamos dirigiendo nuestras oraciones a una hoja de papel.
Los textos y libros también son papel impreso, pero al leer las palabras escritas sobre sus páginas adquirimos conocimientos, hacemos nuevos descubrimientos y hallamos nuevas ideas.
Un teléfono celular no sirve de nada sin estaciones centrales que transmitan las ondas de radio de un punto al otro. De la misma manera, el Gohonzon es una «estación central» que nos permite comunicarnos con el universo.

¿Cómo influyen la Ley de Causalidad y el “destino” en nuestra práctica?

Para la mayor parte de la gente, el destino es algo negativo; es una realidad grabada, fijada y decidida desde el pasado, e inamovible en el presente.
Sin embargo, el destino es acción. Dicho de otro modo, es la causa que generará un nuevo efecto futuro. Visto así, el destino se puede concebir como sinónimo de karma, de causa y de presente.
El destino no es pasado ni porvenir, sino la pura acción que se graba en el instante actual, la causa de condiciones futuras, creada por nosotros mismos.
Por lo tanto, la postura correcta frente al destino es observar qué causas estamos acumulando y qué acciones estamos realizando hoy.
Detrás de este énfasis en el instante actual, lo que palpita es el profundo principio de la eternidad de la vida.
El budismo postula que la vida es un es un fluir eterno a través del pasado, presente y futuro, que jamás cesa ni se detiene. Entonces, la “acción” se traduce en la continuidad del karma: nuestra postura hacia el momento actual, día tras día, mes tras mes, determina la cualidad de esa energía perdurable que denominamos “destino”.
Qué pensé, qué dije, qué hice... Estas tres clases de acción continúan más allá de la vida y la muerte, pero lejos de ser categorías estáticas e inamovibles que limitan nuestra vida, son factores dinámicos que, de hecho, estamos modificando a cada minuto.
Comprender positivamente el destino será una tarea imposible mientras no tomemos conciencia de nuestra absoluta responsabilidad frente al presente y al mundo que nos rodea. Muchas veces, nos atormentamos pensando que el destino es un grillete del que jamás podremos liberarnos, pero ¿cuántas veces nos preguntamos, frente a nuestra propia conducta, cuál es la intención profunda de la acción que estamos realizando, cuál es el impacto de la repetición rutinaria a la cual nos entregamos cuando nuestras acciones carecen de objetivo o de conciencia, cuál es el rumbo hacia el cual, advertidamente o no, estamos encaminando nuestra vida?
Estas preguntas nos permiten cambiar totalmente el enfoque y ver que la base para la transformación del destino se asienta en tres pilares: energía vital, fortaleza y reflexión.
La energía vital que alienta cualquier proceso de revolución humana (como lo es cambiar el destino) se encuentra en la práctica de Nam-myoho-renge-kyo. Nichiren Daishonin dice que Nam-myoho-renge-kyo es como el rugido de un león. En efecto, la persona que se basa en la firme práctica de este sorprendente daimoku puede “abrir” la eternidad de la vida en el momento actual, puede sentir que su vida está “perfectamente dotada” de todo lo que necesita para ser feliz, y puede “revivir” la convicción en su libertad absoluta. Energía vital, entonces, es optimismo sin límites.
La fortaleza se refiere a la determinación esencial de cambiar uno mismo, y a la persistente seriedad de la acción frente a la tendencia negativa (que sería la visión superficial y errada del destino). El Gosho dice: “Si busca la iluminación fuera de usted mismo, toda buena acción o disciplina perderá significado. Por ejemplo, el pobre es incapaz de juntar un solo centavo si se limita a contar la fortuna de su vecino, aunque lo haga noche y día”. Esto nos permite afirmar que, en principio, toda lucha para cambiar el destino es lucha frente a uno mismo. Como estos son los requisitos básicos para llevar una vida de propósito, donde cada cosa adquiere un luminoso sentido, es posible concluir que el destino es misión, y que la misión es fortaleza. No busquemos en otro lado ese estado inquebrantable de libertad al que todos estamos aspirando.
Por último, la reflexión es el proceso de observación cotidiana que comienza y termina en el propio corazón, sin dejarse influir por las circunstancias externas ni por el agobio del pasado. Reflexión es dominio de la propia vida, y esto nada tiene que ver con dejarse dominar por el destino.
Cuando sale el sol, desaparecen la noche y las estrellas. Cuando irrumpe la fe en nuestra vida, es como si asomara el sol y barriera con con todos los fantasmas de la penumbra. Pero hacer surgir ese sol no es cuestión de tiempo ni es algo que dependa de la intensidad de la sombra que nos rodea.
Recordemos que, para el budismo, la causa y el efecto son simultáneos, y que Nam-myoho-renge-kyo encierra, en sí mismo, la causa y el efecto de la budeidad. Sólo la fe, como rotunda expresión de nuestro espíritu, puede activar en nuestra vida esta maravilla que es la simultaneidad entre nuestra decisión de ser budas y el efecto de una vida incomparablemente feliz.